miércoles, 15 de julio de 2020

La chica de la esquina

Llevo un par de días observando, en una calle de Santander, una escena sobrecogedora que ayer me dejó el corazón entristecido y sobrecogido. -Desgraciadamente esto está ocurriendo a nivel mundial, pero yo quiero hablar de lo que veo cercano a mí-.

Una chica treintañera , con presencia, educada y con muy buenas maneras. Agazapada en una esquina con la acera como sofá. 

Entre sus brazos un cartel que reza, soy madre y española, una ayuda por favor, gracias.

Ayer al pasar a su vera, no pude evitar entristecerme, ya se que desgraciadamente cada vez son más las personas que  están en esa tesitura, pero esta en cuestión, me ha llamado poderosamente la atención.

No sé como habrá llegado a ese estado, pero lo que si sé, es que la vida no siempre es como queremos,  que no es como empieza y sí como acaba.

No está demás,  empatizar un poco mas con las personas y ponernos en su piel, porque nadie está exento de llegar a una situación de estas características.

Yo era de los que pensaba, que este parón en nuestras vidas a causa de la pandemia nos iba a humanizar sanamente, pero veo que me he equivocado por completo, nos ha vuelto mas desconfiados, egocéntricos, seres huraños y antisociales.

El miedo es libre y no seré yo quien lo vaya a poner en tela de juicio, pero no significa que tengamos que perder nuestra seña de identidad, nuestra empatía y nuestro corazón.

Hoy me he percatado que ser un ser solidario y digno, es lo mejor que tiene el ser humano, no perdamos nuestra bondad, son virtudes que nos hacen seres mas fuertes y portentosos.

Las pandemias pasan, las guerras, las religiones, las razas, el fuego cruzado de un futuro incierto, nos hace vulnerables, seres microscópicos que pierden todo su valor.

Todo viene y se va, pero las personas seguiremos ahí siempre.

Yo hoy, soy esa chica de la esquina.


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