Las olas apenas los balancean, el peso de los cadáveres hunden su presente en las aguas tempestivas.
Los peces se comen la carne a dentelladas, mientras se percibe el esfuerzo de la dirección del viento en un huracán de escala descomunal, una luz destellada a mil metros de altitud conectando con el volcán.
Fenómenos terrestres sin aviso fiable, la tierra de lava se llenó, un huracán de fuerza seis, a duras penas se dio cuenta que arrasó.
Ni siquiera el mismo diablo lo haría mejor… Un huracán crecido en su arrogancia que quiso huir de su propio ser y acabó perdido en el mar.

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