viernes, 6 de febrero de 2026

«UN LUNES DE FEBRERO »

Un lunes de Febrero se acabó todo, la puerta de mi casa se cerró definitivamente y las paredes lloran su ausencia, su dulzura y ganas de vivir.

La vida es así de 'perra', cuando menos te lo esperas te deja maniatado y acaba con tu mundo infinito y maravilloso.

Ella es mi sustento, mí mejor casualidad, el punto de apoyo de mi persona, sin su presencia yo solo soy un grano de arena en el desierto.

Tomo aire y respiro lentamente, mírame, pero no digas nada, es mejor así, mejor que os vayáis lejos y no miréis atrás, os merecéis una vida mejor, fuera de este mundo injusto y ruin.

Aquella curva, unos whiskies demás, unas rayas, la velocidad indebida y su mala cabeza arruinaron la vida de Anselmo; caminar sobre la cuerda floja había sido su deporte favorito desde la adolescencia y llegado a los  cincuenta, casado y con dos hijos su suerte se acabó.

Aquella noche de febrero maldita estrelló su vehículo contra el monovolumen de una familia feliz que volvía de sus vacaciones en la nieve; todos muertos, nadie sobrevivió, salvo Anselmo que herido leve consiguió salir del coche por su propio pie.

Al llegar al lugar del accidente los agentes de la Guardia Civil se encontraron con un escenario dantesco, humo, muerte y sangre que brotaba por las ventanillas; dos metros más allá, Anselmo caminaba lentamente, tambaleándose, borracho de alcohol y de su imprudencia.

El alcoholímetro se pasó de revoluciones y arrojó un porcentaje de alcohol espectacular.

Todos le dieron la espalda y aquel magnífico informático  que tenía el mejor de los trabajos y contactos quedó relegado a una celda de cuatro metros cuadrados veinte años de su vida, cuando viera la libertad sería un anciano.

Su familia se repuso abriéndose camino, dejando que el silencio invadiera sus vidas y la tristeza sus corazones.

Vanesa volvió a encontrar el amor con otro hombre y sus hijos Jesús y María hoy son dos emprendedores de la vida, con familia y trabajos inigualables.

Hoy es el día y la casualidad quiere que sea un lunes de febrero al atardecer, nieva y el frío se apodera de las palabras que Anselmo le quiere dedicar a sus hijos; es incapaz de articular ninguna sílaba.

—Soy libre, lo siento en mi cuerpo viejo y ultrajado.

Yo no sé que va a pasar entre nosotros, pero lo que si se es que pase lo que pase , nada cambiará.

Anselmo se paró a pensar, apuró el pitillo entre sus labios y mirando a sus hijos echó su último aliento.


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